Hay un movimiento que se ha realizado al menos un par de veces en los últimos tiempos por empresas pasando por una mala situación económica. Y cuando se hace, siempre suele levantar una gran polémica; es pedir dinero o ayudas a los usuarios de una web. Los dos casos más destacados han sido el del famosísimo Mobuzz y el más reciente, de Smashing Magazine, que es el que me ha motivado a escribir este artículo. Hay que decir que son casos muy diferentes, e intentaré reflejar mi punto de vista sobre cada uno.
El caso Mobuzz fue muy sonado en la blogosfera hipana, creó un montón de opinión en torno a la empresa, el servicio e incluso alrededor de la persona y la gestión de Anil de Mello, su director. De forma breve, la explicación es que Mobuzz, un servicio de televisión 2.o llegó a un periodo de dificultad económica y recurrió a pedir donaciones a su comunidad. De los 120.000 euros que pidieron, recaudaron 30.000, pero no fue suficiente y tuvieron que echar el cierre al proyecto.
Lo primero que pienso de esto es que no pasa nada por pedir, no me parece una falta de respeto a los usuarios. Si se expone la situación real de su servicio, los usuarios deciden libremente si deben aportar su dinero. Suponiendo que el dinero no fuera a parar a los bolsillos de nadie, los usuarios dieron dinero a sabiendas de en qué sería empleado. Todo perfecto. Otra cosa es la gestión mejor o peor que se hiciera de los fondos de la empresa, seguramente se cometerían errores como en todo, pero es de suponer que el dinero de donaciones no sería derrochado y a partir de este momento se giraría hacia un modelo de negocio más austero.
Hace algunos días Smashing Magazine también pidió ayuda a sus lectores en este artículo. Su razón también fue una mala racha económica, pero había dos diferencias respecto al caso Mobuzz. La primera es que no pedían simplemente dinero, en cambio ofrecieron un ebook recopilando sus mejores artículos al precio de 10 dólares. Eso sí, hicieron saber que comprar ese libro significaba una ayuda para el momento difícil por el que estaba pasando la empresa. Y también mucha gente se volcó con ellos. La segunda diferencia es que ellos no recurrieron a su comunidad porque fueran a quebrar, sino simplemente para estabilizar su situación en una mala racha económica.
En conclusión, las dos webs recurrieron a sus usuarios, de dos formas distintas. El caso de Mobbuz era más extremo, pidiendo dinero de forma directa. Seguramente el de Smashing Magazine ha sido más prudente y menos polémico, no pedían dinero a cambio de nada. Pero lo que comparten los dos es que los usuarios de las dos webs decidieron si merecía la pena apoyar el proyecto, y los que quisieron donaron su dinero de forma libre.
Por abrir el debate: ¿mendicidad 2.0 o implicación 2.0? Opina en los comentarios.
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